DENSOMAG | Ibiza, Pikes y el Jesu (y parte II)
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Ibiza, Pikes y el Jesu (y parte II)

Podría tirarme al rollo y decir que lo peté a otro nivel. Que ya desde un principio tuve la cosa a reventar y que terminé con el personal desnudo a mis pies, en un baile desenfrenado y sin respiro. Y allí estaba yo a primera hora, más solo que la una pero encantado de la vida y pletórico de estar pinchando sin nadie en la pista, repartiendo mandanga desde la cabina del DJ del puto Pikes. Los primeros diez minutos fueron de tanteo, pero al momento me vi bailando y moviéndome tan a gusto. Ya que estaba allí me había propuesto disfrutarlo, y vaya sí lo hice.

Fueron llegando mis amigos de Ibiza, dispuestos a darlo todo, y puedo decir que los últimos cuarenta minutos de mi set fueron un buen inicio de fiesta, con gente bailando y un ambiente en el aire que presagiaba el fiestón que estaba a punto de darse. Camilo entraba luego para iniciar su set y nos dábamos un buen abrazo para desearle la suerte que no iba a necesitar, porque se salieron. Dos horas allí metido y el cuerpo me pedía algo de terraza y allí salimos a tomar el fresco, lo justo por eso.

Y en esas que me dije de hacer una visita al Jesu y su espacio alternativo, por ver qué se cocía. El espacio en cuestión, un antiguo lavabo con un pedazo de bañera inundada de bolas de goma, sí, como las piscinas de bolas para críos de los chiqui-park, esas bolas. Y el Jesu completamente sudado, a pecho descubierto, con sus gafas a lo Elvis en Las Vegas y micro en mano, desafiando al personal con improvisados y desternillantes speeches, mientras Karlos Sense y Secretario despachaban un tecnazo al más puro estilo Berghain.

Sí, me metí en la bañera, con un inglés –vestidos, por dejarlo claro– y allí estuvimos charlando tranquilamente, o intentándolo, mientras el personal que abarrotaba el baño iba lanzando bolas al aire que rebotaban, sin ninguna dirección concreta, por todas partes. Y el Jesu chillando desde su púlpito incomprensibles arengas, en uno de los momentos de fiesta más memorables y divertidos que recuerdo en años. Una puta chaladura, maravillosa. Qué jefe eres, Jesu. Ya en la pista del Pikes, Homies apuraba sus últimos minutos de despiporre, con la pista reventada y cerrando por todo lo alto. Pues sí, otra Ibiza es posible.

Texto: Luis Costa
Fotos: Gabriel Escalofríos




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