DENSOMAG | Crónica de la 2ª edición del Festival Bicefal en Laut
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Crónica de la 2ª edición del Festival Bicefal en Laut

Dos años después de su última edición celebrada a caballo entre las salas Upload y Freedonia, el pasado sábado 8 de diciembre volvió Bicefal, el evento que busca un enfoque transversal a la electrónica y la música experimental. En esta ocasión el festival se redujo a un solo día y se celebró en Laut, una sala nueva, vecina de las anteriores y más escueta en público, pero con una excelente calidad de sonido, muy adecuada a la densidad y matices de un evento que fue ganando en intensidad y público a medida que iban pasando las horas.

Poco después de las 20:00 eran ya cerca de una cincuentena de personas las que vieron al joven productor valenciano Marco Henri, de sólo 20 años, que fue el encargado de abrir las actuaciones. Henri presentó una propuesta que empezó por sus beats más deconstruidos para terminar en texturas ambient más reconocibles en lo melódico, pero aún y así toda su actuación mostró una diáfana voluntad de experimentar.

A Henri le siguió Refectori, convertido ya en una referencia de culto en la escena barcelonesa y el único nombre que repetía de la última edición. Xavier Longàs utiliza términos de arquitectura para nombrar sus canciones y construye paisajes sonoros a veces en base a sonidos extraídos de paisajes físicos, pero lo hace con el punto creativo ideal para lograr que una propuesta tan singular acabara implicando los primeros bailes del público.

Tras Refectori era el turno de Territoire, con un Olivier Arson que esta vez llegaba en solitario, unos días antes de ser nominado en los premios Goya por la banda sonora de “El Reino”. Arson / Territoire venía a presentr “Alix”, un disco tan electrónico como atmosférico y a la vez narrativo y social, casi una conceptualización de la esclavitud, algo especialmente perceptible en el memorable vídeo de “Exil”. No obstante, Arson estaba solo y sin apoyo de imágenes, pero la rabia de su discurso se dejaba notar no tanto en sus palabras como en la expresividad de su directo.

Después de Territoire llegaba el turno de Mohammad o, si quieren abreviados, a MMMD. El ahora dúo de Atenas que llegaba a Bicefal tras haber publicado la banda sonora de la película de horror “Hagazussa”. Lo hicieron blandiendo los únicos instrumentos no electrónicos de la noche, con los que ofrecieron un concierto cautivador y único, tan obviamente cinematográfico como oscuro, teñido de luces rojas y sin renunciar a una pausa y un halo de misterio tan imponente como la particular liturgia sonora de los conciertos de Sunn O))).

Ya pasada la medianoche llegaba Blume Attempt, el pseudónimo de Javier Vivancos, actualmente establecido en Alemania y que combina una electrónica con posos bailables, aires experimentales, grabaciones de “spoken word” y herencias industriales. Todo ello dentro de una atmósfera única, casi sin luz (todo un reto para la cámara del abajo firmante) pero igualmente absorbente. Su directo ya empezó a notar la oleada de público nuevo que se acogió a la entrada nocturna que la organización estableció, y que dobló hasta algo más de un centenar de asistentes la concurrencia inicial, cifra más que respetable para la tarde/noche de un sábado en Barcelona.

Un público nuevo que de bien seguro disfrutaría plenamente con Orphan Swords. Enfundados en esas mallas en la cabeza que se han convertido en su particular imagen, el dúo belga desgranó parte de sus cinco años de discografía, en especial el techno más vehemente, sin renunciar a pasajes más personales. Estos cinco años de discografía, recogidos hace unos meses en “The Hidden Price of Safety”, extenso recopilatorio de pago voluntario publicado en su bandcamp.

Con Assassani el baile ya fue general pero no complaciente, consecuancia del sonido personal y persistente del proyecto de Victor Dvnkel. Techno que recogía parte de los aires industriales de algunos de sus predecesores, pero que fue directo a la yugular de un público que lo disfrutó como el que más. Una tendencia que siguió en el set de TRS, el dúo local que cerró un festival que, dentro de su concreción y con la ayuda de una sala en condiciones, puede tener mucho terreno para recorrer.

Texto y fotos: Jordi Trenzano




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